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Cuatro cosas de Linux que nos encantaría que Windows 11 copiase de una vez -

Cuatro cosas de Linux que nos encantaría que Windows 11 copiase de una vez

A estas alturas de la historia, a la hora de elegir entre Linux y Windows, habría que ser un poco sectario para no reconocerle ‘pros’ y ‘contras’ a ambos sistemas operativos. En todos estos años, además, ambos han buscado la forma de copiar y/o ofrecer alternativas a alguna funcionalidad del rival.

Pero, los que usando ambos sistemas somos sin embargo usuarios prioritariamente de Windows, echamos en falta algunos aspectos en este último que nos encantaría que Microsoft se dignase a copiar en algún momento.

No, no voy a recurrir a los típicos comentarios sobre ‘poder prescindir del antivirus’: pese a que Linux tiene un planteamiento interno más seguro que Windows, lo que más pesa a la hora de que Windows esté amenazado por enormes cantidades de malware es su condición de SO mayoritario.

Olvidémonos también de aquellas cosas que, por el propio planteamiento empresarial de Microsoft, no parece factible que Windows las asuma como propias en algún momento, como la gratuidad, la condición de software libre o la multiplicidad de distribuciones.

Por último, tampoco bajaré demasiado al detalle: con la enorme variedad existente de distribuciones y entornos gráficos de Linux, podríamos pasarnos un mes de entero comparando pequeñas funcionalidades concretas con Windows 11. Optemos por analizar, así, aspectos un poco más generales.

Se ejecuta desde (casi) cualquier soporte y hardware

Estaría muy bien que Windows fuera, como Linux, multiplataforma; pero no por estar disponible en un par de arquitecturas de hardware (Intel y —algunos— ARM), sino de las docenas para las que está disponible Linux…

…pero estiremos un poco el concepto: incluyamos los requerimientos de hardwareun tema tan traído y llevado en Windows 11. En Linux podemos seguir instalando el SO en un i486, y aún así contar con la última versión del kernel y de las utilidades GNU, garantizando así la seguridad y estabilidad del sistema.

No hace falta, ni por asomo, llegar a tal nivel versatilidad en Windows: quizá bastaría con que Microsoft no nos obligase a jubilar equipos a un ritmo a todos ojos innecesario si queremos seguir usando su sistema operativo.

Por otra parte, también sería de agradecer poder contar con otra característica de Linux: poder instalar y ejecutar sin problema en todo tipo de soportes (USB, DVD, microSD). Esto requeriría un cambio de enfoque en Windows a la hora de plantear su política de licencias, pero sería muy útil poder contar con esta opción para evitarnos depender, precisamente, de Linux a la hora de probar equipos o realizar cambios en los sistemas instalados.

Actualizaciones más rápidas / reinicios menos frecuentes

Hay algo que valoro enormemente de Linux, y es que puedes pasarte años sin tener que reiniciar el sistema, aunque actualices prácticamente todos sus componentes de software: entorno gráfico, aplicaciones base, drivers… bueno, todos menos uno: el kernel, claro.

Windows, mientras tanto, siempre ha sido muy de exigir reinicios (a veces varios) para completar la instalación de cualquier elemento relevante del sistema. Es muy frustrante.

Y ya no hablemos cuando, por culpa de la configuración por defecto de Windows Update, esos reinicios son forzosos e inesperados, y te dejan durante largos períodos («Esto puede tardar un tiempo…») sin poder usar tu PC, a veces en el momento más crítico.

Personalización total de la interfaz

El apartado de la personalización de la interfaz posiblemente sea en el que más profundas sean las diferencias entre Linux y Windows. Y no sólo eso, sino que el abismo entre ambos se ha ido agrandando con el tiempo.

En versiones previas de Windows, era posible para el usuario elegir detalles como en cuál de los cuatro bordes de la pantalla se situaría la barra de tareas, o aplicar nuevos temas a la interfaz y los iconos de Windows. Ahora ya, ni eso.

(Aclaremos que por ‘temas’ nos referimos al estilo de diseño, la decoración de las ventanas, etc… no sólo a las combinaciones de colores).

Sí, vale, puede que estés pensando que en Windows es posible personalizar la interfaz… instalando programas de pago de terceros o bien ‘toqueteando’ archivos críticos del sistema. Pero no hablamos de eso, sino de que el sistema operativo asuma la personalización como algo normal y la facilite.

De hecho, es posible cambiar incluso de entorno de escritorio: el catálogo disponible para cualquier linuxero es extensísimo, hasta el punto de que, incluso manteniéndonos dentro de una misma distribución, el aspecto final de la interfaz puede resultar completamente diferente.

Pero incluso si nos quedamos dentro de los límites de alguno de los escritorios mayoritarios (como GNOME Shell o KDE Plasma), el nivel de personalización que admite cada uno de ellos deja en evidencia a Windows.

¿Que no te gusta el último cambio introducido en el menú de inicio de KDE? Tranquilo, en un par de clics puedes haberlo sustituido por otro widget. ¿Que no te basta con una barra de tareas en GNOME? Bueno, pues activa la extensión Dash to Panel y añade otro panel en la parte superior.

Y probablemente ambos incluyan por defecto varios temas que nos permitirán cambiar la estética predefinida del escritorio. Más allá del color y del fondo de escritorio, queremos decir.

Repositorios y sistema de paquetes

Siendo justos, este es un campo en el que Windows ha dado pasos de gigante en los últimos tiempos para acercarse a Linux. Pero, por desgracia, aún está a mitad de camino.

En Linux, cada distribución cuenta con un sistema estandarizado para instalar software: por ejemplo, tecleamos ‘apt-get install vscode‘ en la terminal para instalar Visual Studio Code, o ‘apt-get update vscode‘ para actualizarlo a la última versión (por supuesto, también hay herramientas gráficas para esto).

Esto descargará el archivo de instalación correspondiente desde una serie de repositorios previamente establecidos (lo que garantiza la fiabilidad del software), así como todo el software complementario necesario para su instalación.

El instalador en cuestión repartirá los archivos entre una serie de directorios del sistema, siguiendo también unos criterios estándar. Y lo hará, además, sin exigirnos que hagamos clic como tontos en Siguiente-Siguiente-Siguiente-etcétera… ¿Y en Windows? Pues en Windows, por el contrario, cada instalador.

Los primeros intentos de conseguir en entornos Windows algo parecido al modelo Linux (AppGet y Chocolatey) surgieron al margen de Microsoft; finalmente la compañía de Redmond los terminó copiando (con gran polémica, por cierto), a la hora de crear WinGet / Windows Package Manager.

Sin embargo, WinGet sólo puede instalar un porcentaje mínimo del software disponible para Windows: en Linux, lo habitual es poder instalar el 100% del software de tu equipo recurriendo a sistema antes descrito.

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